ILIPA

 

Por su escaso desnivel las mareas atlánticas ascienden  aguas arriba, hasta los pies mismos de Alcalá. Este fenómeno ya fue estudiado por Poseidonos durante su estancia en Ilipa, y fueron recogidos por Estrabón en su Geografía.

La meseta de Ilipa debió de habitarse desde el Calcolítico. Se han hallado algunos materiales de bronce entre los que destaca un puñal de tipo argárico con dos orificios para clavar, así como un objeto de perfiles muy rectos y sección rectangular. Los hallazgos permite confirmar que en el siglo VIII a.e.c la antigua Ilipa era una ciudad comercial. La presencia de numerosos hallazgos confirman la integración de la antigua ciudad en la cultura de Tartesos, desarrollando una economía abierta de relaciones e intercambios facilitada por su situación fluvial.

Ilipa Magna se nombra en los textos clásicos con ocasión de la última gran batalla disputada en Hispania en el curso de la Segunda Guerra Púnica. En las proximidades de Ilipa, en el denominado Vado de las Estacas. Escipión venció definitivamente a los cartagineses en el año 206 a.e.c. Posteriormente será un punto estratégico en la guerra civil entre César y Pompeyo.

Llegó a acuñar moneda propia, de esta época todavía se guardan numerosos restos, entre ellos el cipo romano que sirve de pila para el agua bendita en la capilla de San Gregorio Osetano, así como la muralla de la villa. En la casa de la cultura se conserva un ancla romana.

Se halló un mosaico de Opus tesselatum, del siglo II o III cuadrado, enmarcado por unas trenzadas líneas ondulantes, presenta en su interior decoración geométrica entre la que destacan también esquematizaciones de elementos vegetales.

La antigua villa de Alcalá del Río está situada a unos catorce kilómetros de Sevilla.

 

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