EL FORO

El Municipium Augusta Bilbilis nació como heredera de una ciudad indígena. Bilbilis era capital de los Lusones aunque la escasez de restos de la ciudad anterior bajo el suelo del municipium augusteo ha hecho dudar de la continuación de emplazamiento o bien seria una transductio. La ciudad como consecuencia de su nueva condición acomete una gran obra de modificación estructural. El foro se edificó a la vez que el teatro dentro de un plan preconcebido, se inauguró durante el mandato de Tiberio, efectuándose modificaciones en época antoniniana. Construido sobre varias terrazas naturales que se adaptaron. El foro de Bilbilis contó con una gran plaza porticada de forma rectangular, que estaba presidida por un templo hexástilo/períptero de orden corintio, al que se accedía mediante una escalera monumental.

El complejo se completaba con una basílica de dos naves, una curia y un criptopórtico, mientras en las terrazas laterales se situaban las tabernae.

Como elementos complementarios basas de estatuas, seguramente de la familia imperial por los retratos e inscripciones; una de culto imperial conmemorativa de la construcción del foro y su posible finalización. El foro fue financiado, al menos parcialmente, por L. Aemilius. El hallazgo de cospeles sin acuñar induce a localizar la ceca en el mismo foro en uno de sus laterales. No conviene olvidar que la ciudad acuña una importante cantidad de monedas en los reinados de Augusto, Tiberio y Calígula. El foro bilbilitano se edifica arrasando una zona de viviendas de época cesariana y tal vez otros monumentos anteriores de las que se hallaron restos de estructuras, materiales varios y restos pictóricos. Su emplazamiento y monumentalidad la hacían visible a los viandantes que viajaban por la Vía a Augusta Emérita.

 

 

 

En el siglo II  decaerá espectacularmente. La realidad es que en el siglo III Bilbilis es una ciudad semidesierta y sus habitantes han debido emigrar, en parte unos se trasladan a las villas de la comarca y otros lo harán a la capital del conventus Caesaraugusta.

Valgan estos epígramas del poeta bilbilitano Marcial así como otras referencias suyas a Bilbilis ("Altam Bilbilim", "pendula quod patriae visere tecta libet ...", entre otras menciones a la fama de sus armas y caballos, sus ferrerías, así como a su riqueza en oro y hierro, para imaginar como pudo ser el urbanismo de la ciudad.

Las excavaciones iniciadas en 1971 han ido  desenterrando sus tesoros. Desde antiguo las ruinas de la ciudad atrajeron la atención de viajeros y eruditos tanto por la mención que de ella hicieron autores clásicos (Estrabón, Plinio, Tolomeo, Ausonio, Justino o San Isidoro), como por los edificios que todavía se mantenían en pié, lo que llevó a que Bilbilis se convirtiese durante la Edad Media y Moderna en una cantera inagotable de materiales de construcción. 

 

Como puede apreciarse al pasear por el casco antiguo de Calatayud y observar los basamentos del antiguo Colegio de los Jesuitas (actual sede de la UNED), los del Seminario de Nobles, iglesias y palacios, o incluso en la misma Plaza de Toros, para darnos cuenta de a donde han ido a parar los paramentos más monumentales con los que en su momento se edificó el foro y el teatro, entre otros edificios, de la Bilbilis imperial, desmantelados hasta su cimentación.

La ubicación exacta de la ciudad nunca se perdió del todo, de ahí que ya en el S. XVIII se conozca la existencia de una colección arqueológica formada por los Jesuitas desaparecida en 1767 tras la disolución y expulsión de la Orden. Más tarde, a inicios del S. XX, Carlos Ram de Viu, Conde de Samitier, crea una nueva colección, desmembrada tras su muerte, encontrándose una parte de ella entre los fondos del Museo de Calatayud. En 1917 Narciso Sentenach y en 1933/34 Adolfo Schulten realizan excavaciones y exploraciones que afectaron principalmente  al Foro, aunque parte de ellas nos son desconocidas. Finalmente, los trabajos desarrollados de forma prácticamente ininterrumpida desde 1971 han ido devolviéndonos día a día sus edificios, mosaicos y pinturas, murales, cerámicas, vidrios, monedas y un largo conjunto , de materiales de los que una parte se exhiben en el Museo  de Calatayud.

 

 

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