La paradoja de conocer la
obra de los pintores romanos de hace veinte o más siglos tiene una
explicación social. Los particulares que no podían comprar cuadros de los
pintores célebres, convirtieron sus residencias en auténticas pinacotecas
con las copias de esos originales.
La juventud de la belleza no trae a Valencia esos
murales. Pero a través de unas reproducciones fotográficas a tamaño natural
de esos murales, evoca de un modo didáctico el discurso artístico de aquel
tiempo, mostrando las formas de entender lo bello y lo auténtico, lo real y
lo imaginario, con escenas de la vida cotidiana y temas mitológicos.
La exhibición en Valencia de esta propuesta artística inaugurada ayer en el
Museo de Prehistoria de la Beneficencia se realiza con fondos de Ars Latina
Editores-París, y se ha coordinado desde el Servicio de Investigación
Prehistórica y la Unidad de Difusión del museo valenciano.
Cuatro etapas
Los 70 paneles de la muestra se dividen en cuatro etapas. La primera de
ellas se centra en la época que va desde el 200 a.C. hasta el 80 a.C.
Refleja lo que los expertos denominan estilo estructural:
no aparece ninguna figura y la pintura se limita a a imitar la
apariencia de los muros.
La segunda etapa o estilo arquitectural prosigue el
recorrido por la estética de la antigua Roma hasta finales del siglo I a.C.
Hay una gran frecuencia de efectos ópticos, con puertas y ventanas que se
abren a un mundo de fantásticas composiciones arquitectónicas.
El tercer estilo, llamado ornamental , va desde el 15
a.C. hasta el 62 d.C. En esta tendencia se rechaza toda ilusión y se recurre
a la forma del candelabro.
Por último, en la cuarta etapa o estilo fantástico, que
llega desde el 63 al 90 del primer siglo cristiano, se produce un retorno a
la ilusión, con efectos de atmósfera y héroes o dioses que parecen actores
en un escenario.
Algunas de las fotografías de la muestra amplía los originales para poder
apreciar mejor los detalles.