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El
asentamiento se remonta a fines del VII a.e.c. Ocupado también por los íberos,
alcanzó su mayor apogeo en época romana, siendo identificada como la ciudad de "Sisapo",
vinculada a las explotaciones mineras de cinabrio y plata, abundantes en su
entorno.
En tiempos de Augusto se impulsó la explotación de la minas de Castulo
y Sisapo. Es cuando se consolida una nueva trama urbana de la que conocemos una
calle porticada que discurre en dirección N-S -cardo-, un conjunto de tabernae y
una domus, denominada de las Columnas Rojas.
La
ciudad tuvo una extensión aproximada de 10 ha. y estaba rodeada por una muralla
de más de 3 m. de ancho con unas 28 torres.
La existencia de ruinas antiguas en la
Bienvenida
se conocía desde el siglo XVI en tiempos del rey Felipe II, y muchos escritores
de fines del siglo XIX y principios del siglo XX dieron también noticias de tan
importantes restos arqueológicos.
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