LA CONQUISTA DE HISPANIA

 

 

La península era esa bella desconocida a la que todos pretendían. Los rumores hablaban de ella como una tierra rica, fértil y de incalculables tesoros. Fueron los griegos y los fenicios sus primeros pretendientes, estableciendo relaciones comerciales. Posteriormente fueros los cartaginenses los que la pusieron en el punto de mira, intentando conquistarla, y la denominaron Iberia. Los romanos se fijaron en ella, y como no, también desearon poseerla y la llamaron Hispania.

Como no podía ser de otro modo, nuestra Hispania fue la causa de la II Guerra Púnica, el conflicto mundial del momento; el nacimiento de Europa. Veamos como empezó nuestra Historia más reciente.

 

 

 

En la península no existía una unidad política, cada tribu o pueblo se limitaba a mantener sus fronteras. Lamentablemente muchos nombres de pueblos han quedado en el olvido, la llamada romanización eliminó gran parte de ellos.

El pueblo más numeroso eran  los Iberos, que estaban asentados en la vertiente mediterránea  y el atlántico meridional. Hacia el año 1000 a.e.c. entraron en la península los Celtas, y se asentaron en el norte y el oeste de la península.

En medio de ambos estaban asentados un gran número de pueblos que recibían el nombre de celtíberos.

 

 

A mediados del siglo III a.e.c, después de la I Guerra Púnica, tras la derrota,  los púnicos se vieron obligados a replegarse de Sicilia y Cerdeña y buscaron nuevas tierras donde expandirse. Dirigidos por su jefe Amílcar Barca, se asientan en el valle del Guadalquivir. Rápidamente comienza su revolución económica. Su capital se instaló en Cartagena, Cartago Nova. Se dedicaron a la pesca, a los salazones, a la agricultura, en sus talleres fundían metales, fabricaban armas y utensilios, fabricaron barcos, ...etc..  No eran unas simples colonias, los cartaginenses intentaron conquistar militarmente la península, era su fuente de riqueza y la preocupación de su eterno enemigo, Roma.

Como era de esperar, cuando hay dos reinas en un mismo panal, cualquier chispa hace que se rompa lo pactado y cada una intente demostrar su superioridad. La excusa fue un conflicto político que surgió en la ciudad de Sagunto, aliada a Roma y que frenaba la expansión púnica. Ahora el jefe era el hijo de Amílcar, Aníbal ayudado por su cuñado Asdrúbal. Tras el incidente los romanos aludieron al pacto firmado, pero los cartagineses no cedieron en su empeño. Parece que los romanos, estaban esperando cualquier incidente para empezar la guerra contra Cartago, si bien es cierto que los cartaginenses, arrasaron Sagunto, los romanos no movieron un dedo por auxiliar a su socio, ya tenían su pretexto para comenzar la guerra.

Hispania tenia mucha importancia estratégica, mientras los romanos querían librar la batalla en Hispania, atacando por la retaguardia al ejercito cartaginés; estos querían llegar al corazón de Roma. Los cartagineses se aprovisionaron de víveres, mercenarios y de sus famosos elefantes. En el 218 a.e.c, Aníbal inició su marcha sobre Roma y los hermanos Publio y Cneo Cornelio Escipión llegaron a Emporiae, estaba claro, quien dominara la península, ganaría la guerra. Los hermanos bajaron hacia Sagunto conquistando la mayoría de pueblos que hallaban a su paso y derrotaron a la flota cartaginesa en la desembocadura del Ebro. Tres años más tarde frenaron a Asdrúbal cuando intentaba unirse a Aníbal en el asalto a la península itálica. Los hermanos Escipión dividieron el ejercito para evitar un ataque masivo, pero ambos fueron derrotados, uno en Cástulo, y otro en Ilorci.

El conflicto parecía una lucha de familias, los Barca contra los Escipión. Los Barcas eran claramente ganadores hasta que en el 210 a.e.c. todo dio un giro con la llegada de Publio Cornelio Escipión hijo, más conocido como el Africano. Desembarcó en Ampurias con nuevos efectivos y reunió a las legiones dispersas del ejercito romano. Inició la marcha hasta que se plantó en las murallas de Cartago Nova. Se creía que la ciudad era inexpugnable, pero no se sabe como el Africano supo que las marismas podían atravesarse cuando la marea estaba baja. Alentando a las tropas diciendo que los dioses estaban con ellos y que les permitirían atravesar las aguas sin peligro de hundimiento. Cartago Nova fue tomada por los romanos. Sin los víveres y las riquezas Aníbal estaba prácticamente asfixiado y más cuando su cuñado Asdrúbal y el general Giscón  fueron  derrotados en Baecula y Ilipa respectivamente. El valle del Guadalquivir se rindió a manos de los romanos y los cartagineses abandonaron Hispania, cuyos habitantes siempre estuvieron a favor de Roma. Los caudillos de las tribus se asociaron a los romanos y pasaron a engrosar su ejercito facilitando así la capacidad de hostigar al enemigo y dificultar su avituallamiento. Pero una vez los romanos se asentaron en la península sus socios vieron que los pactos firmados no se respetaron y que el opresor solo había cambiado de nombre, ahora se llamaba Roma. A finales del siglo III a.e.c. las tribus se aliaron y se alzaron contra los romanos. Con una tropa de 30.000 hombres y 4.000 jinetes se enfrentaron a las legiones de Lucio Léntulo y Lucio Manlio. En los alrededores de la actual Zaragoza fueron arrasados y los supervivientes perseguidos sin poder negociar una rendición. Los caudillos fueron asesinados y pasaron a formar parte de la leyenda Indíbil y Mandonio.

Roma no tenia intención de abandonar la península y más cuando sofocó la rebelión y observó la riqueza de la península: Las reservas minerales, la agricultura y la pesca.

A principios del siglo II a.e.c. el Senado romano dividió la península en dos provincias, la Citerior y la Ulterior. Como no había en la península un líder único, Roma tubo que ir negociando o luchando con cada una de las tribus existentes.

Los habitantes de la península fueron sometidos a unos impuestos desorbitados, y los representantes de Roma solo hacían que llenarse los bolsillos y poder así triunfar en la capital. Esto ocasionó más de un alzamiento que rápidamente era sofocado. A Hispania llegaron más de cien cónsules y pretores, y con el tiempo las tribus que no se romanizaron fueron aniquiladas. Hispania fue la primera provincia conquistada y la última en pacificar.

El caso de los celtíberos también tubo su miga. Asentados en lo que hoy es Portugal, era un pueblo con una enorme diferencia social, las clases más bajas tenían que subsistir como fuera y se dedicaban al pillaje. Los romanos tuvieron su primer contacto con la incursión del caudillo Púnico, pero no se preocuparon hasta que a mediados del siglo II a.e.c estallaron las guerras celtíberas. El detonante fue el inicio de  construcción de murallas en Sagreda, capital de los Belos. Roma envió cuatro legiones con unos 30.000 hombres más el apoyo de las tropas auxiliares latinas. Fue un periodo de masacres y exterminios;  y al final tuvieron que rendirse a Roma. Caro caudillo de los Arevacos se hizo fuerte en Numancia, símbolo del heroísmo; Cauca se rindió a los romanos y abrió las puertas de la ciudad, y sus habitantes fueron acuchillados, unos 30.000. Galba consiguió que los lusitanos negociaran y cuando dejaron sus armas en el suelo, lanzó sobre ellos una legión; muy pocos sobrevivieron, uno de ellos era un pastor llamado Viriato, que encabezo un nuevo alzamiento contra los romanos y pasó a formar parte de la leyenda. La historia de Numancia, su asedio, y su triste final es por todos conocida; al igual pasa con Viriato; de la única forma que Roma pudo vencerle, fue con la traición.

Los romanos lo tenían muy claro, los tratados no se iban a respetar, matarían al mayor número posible y al resto los harían esclavos.

Las guerras celtíberas concluyeron a principios del siglo I a.e.c. y  la península fue romanizada.

 

 

En el 19 a.e.c. Augusto reorganiza la península y la divide en tres provincias: Bética, lusitana y Tarraconense. En el 216 Caracalla añade una provincia, la Galecia. En el 285 Dioceclano subdivide la Hispania en cinco provincias: Bética, Lusitana, Galecia, Cartaginense y Tarraconense. Pocos años después se crea una nueva provincia, la Baleárica; y luego se añade otra, la séptima, la Mauritania Tingitana

Poco duraría la paz en la península, la guerra civil que se desató en Roma, tubo también su detonante en la península cuando Sertorio, se alzó contra el dictador Sila. Sertorio salió victorioso de la contienda y creó una especie de Senado que duró hasta que Pompeyo vino a hacerle frente. Sertorio fue traicionado y asesinado por los suyos.

Otro enfrentamiento tuvo lugar en la península, Julio César contra Pompeyo. Las dos batallas principales fueron las de Ilerda y Munda, de las que los capitanes de César salieron victoriosos.

El emperador Augusto también vino a la península a derrotar a los Cántabros durante una campaña que duró diez años y fueron empleadas siete legiones. Los guerreros Cántabros fueron prácticamente exterminados en su totalidad.

Se cifran en millones el número de nativos que perdieron la vida en los sucesivos conflictos.

En el año 68 Roma decretó la desmilitarización de la península y en el 74 Vespasiano concedió el derecho latino a todos los hombres libres de la Hispania.

Los soldados hispanos eran muy valorados en el ejercito.

Las mujeres hispanas y en especial la puellae gaditanae, eran primordiales en cualquier fiesta que se precie, a parte de su belleza eran afamadas por sus canciones picantes y bailes sensuales

Tres Cesares nacieron en la Hispania: Trajano, Adriano y Teodosio I.

Tres intelectuales hispanos destacaron; Séneca, Lucano y Marcial, pero también destacaron otros personajes como el agrónomo Culumela o el geógrafo Pomponio Mela.

 

 

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