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El amurallamiento de la
ciudad se mantuvo como eficaz defensa durante el periodo visigodo y
musulmán.
Sus
muros tenían un considerable grosor, que alcanzaba en muchas zonas los 7m,
siendo la parte exterior de sillares de alabastro y caliza, y la interior
de una argamasa extraordinariamente dura (opus caementicium).
Sus torres son semicirculares o ultra semicirculares y tienen un diámetro
en torno a los 8 m, alcanzando los 13 m. en una de las que flanqueaban la
puerta occidental
La muralla romana
protegía perímetro y discurría por la calle Echegaray y Caballero, todo el
trazado del Coso y la avenida de César Augusto. La ciudad se abría por
cuatro puertas, situadas en el extremo de sus ejes, la septentrional en la
embocadura del Puente de Piedras, la oriental junto a la iglesia de la
Magdalena, la meridional ligeramente al este del Teatro Principal y la
occidental al final de la calle Manifestación.
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